Inmigrantes hondureños que cruzan la frontera hacia Estados Unidos informan una bienvenida “poco amistosa”.

Una mujer describe el trauma físico y emocional que ella y otras mujeres han soportado al ingresar como immigrants a los Estados Unidos.

Con su hijo de 2 años apoyado en la cadera,  una mujer hondureña recuerda haber visto bebés ser arrancados de los brazos de otras madres.

No está segura por qué a ella si se le permitió quedarse con su hijo, mientras que otras se separaron de sus hijos.

Su testimonio está plagado de desgarradoras descripciones de suministro inadecuado de alimentos y centros de detención congelados con el frio.

Estas mujeres huyeron de su país en busca de refugio de las terribles condiciones en su propio país, solo para ser llevadas a un “centro de detención” en la cárcel y equipadas con pulseras de tobillo que rastrean su ubicación.

Después de 3 largas semanas, algunos se ven obligados a regresar a su país de origen, mientras que a algunos se les permite quedarse en los EE. UU.

Se desconoce cómo se decide quién puede quedarse y quién debe irse, pero los que tienen permiso para quedarse dicen que están preparados para cumplir plenamente con todos los requisitos de inmigración en el futuro.

Y, a pesar de la recepción antipática en la frontera, se sienten muy bendecidas de que se les dé una oportunidad de construir una nueva vida aquí.

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